9 songs (Nine songs) 2004

Director
Michel Winterbottom
Duración
71 min.
Fotografía
Marcel Zyskind
Guionistas
Michael Winterbottom
Interpretes
Margo Stilley, Kieran O'Brien
Montaje
Mat Whitecross, Michael Winterbottom
Archivado en:
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Carátula de la película 9 songs (Nine songs) 2004

En Nine songs el ecléctico Michael Winterbottom nos ofrece, simplemente, sexo a ritmo de canciones. Como su propio título indica, nueve canciones en total. Todas en ese rollito indie-rock que tanto se lleva en según qué círculos de un tiempo a esta parte. Una apuesta así tampoco hay por qué despreciarla cuando el que dirige es Winterbottom, y es que el británico, por un lado, es un tipo que realmente sabe filmar y, por otro, tiene una cultura musical de lo más interesante, como bien demostró la excéntrica y rica 24 hours party people.

A fin de cuentas, si en ese universo que hoy día conocemos genéricamente como Cine existe una porción mayoritaria dedicada al “cine comercial” o de puro entretenimiento, no veo por qué en lugar de entretener al personal con violencia de diseño, no puede hacerse con sexo de diseño. Películas de puro entretenimiento las hay, a miles, y algunas muy buenas. Películas de puro sexo las hay; muy buenas, realmente ninguna. Y creo que, tras el atrevimiento de Winterbottom, sigue sin haberlas. Pero él lo ha intentado y, cuando menos, ha logrado un trabajo interesante.

La estructura de la película resulta ser de lo más sencillo: Una pareja disfruta durante la noche con su asistencia como público a nueve conciertos (de los cuales Winterbottom extrae una canción por cada) y se pasan el resto de sus horas vitales follando. Lo del resto es literal; su dedicación al sexo es exclusiva, hasta el punto que cualquier otra actividad queda radicalmente excluída de la narración.

En consecuencia, durante el 95% del metraje Winterbottom se entretiene filmando escenas muy explícitas de cunnilingus (lo que más), mamadas (lo que menos; es lo que tienen estos tiempos feministas), polvos y orgasmos sin cortes y perfectamente enfocado. Sin tapujos. Todo aderezado, en ocasiones (cuando el calentón sobreviene en el montaje inmediatamente después del concierto de turno), con la música de los nueve grupos en cuestión, y en otras ocasiones, con una repetitiva cantinela de piano que parece querer aportar un poso, un “algo más”, un difuso tono romántico con el que Winterbottom, erroneamente, parece querer aportar un sentido mayor a unas escenas que, por sí solas, nos dicen lo contrario: sólo sexo.

Despedida

Así avanzan los minutos, sin mucho que llevarte a la cabeza pero con mucho que llevarte a los ojos. Winterbottom, al final, parece ceder definitivamente a la necesidad de querer aportar un sentido mayor a una obra que no lo tiene o, quizá, no lo necesita. Seguramente lo haga por inseguridad, pretendiendo dejar claro que 9 songs no es una peli porno. Y no lo es, pero no por su contenido, si no por sus formas. Sin embargo, Winterbottom busca esa salida final precisamente aportando un parche al contenido: apenas le quedan 5 minutos de narración y decide cerrarlos con una escena ajena al resto de la película. Ni encerrada entre las cuatro paredes que ya tan bien conocemos, ni eufórica por el empuje eléctrico de la musica en directo. Es, simplemente, una despedida a cielo abierto, que pretende dejar un poso a medio camino entre la incertidumbre y la melancolía. Una escena bien trazada, como casi todo lo que filma Winterbottom, pero fuera de sitio, dentro de una película a la que no pertenece.

Técnicamente, 9 songs es impecable. La cámara en mano resulta un recurso tan acertado para las escenas de sexo como para los conciertos. Uno podría esperar que intentando huir de la imagen de porno fácil, Winterbottom hubiera apostado por una cámara más plácida y elegante, pero aquí no tiene miedo en echarse la cámara al hombro para acercarse, moverse, detallar. Así, esos momentos más lejanos, abiertos, resultan pocos y especiales, logrando algún momento aislado de belleza pura: lo hace tras uno de los encuentros sexuales de su desconocida pareja, en plena mañana; inesperadamente, se aleja de ambos y se entretiene filmándoles dormidos, bañados por la azulada luz matinal, fría pero extrañamente cálida a un tiempo.

Nine songs es, seguramente, una apuesta muy equivocada. Un error necesario de un realizador que se atreve a avanzar por un camino aún no fabricado.

Fotograma de Nine songs