De visionado emocionante, se trata de un film con mucho intento de agradar, ordenado y con cierto sentido, que se desmorona poco a poco sin miedo a la destrucción total. El concepto de la robótica es el real impulsor del ánimo del espectador deseoso, no tanto en aquellos años como ahora, de descubrir ese tratamiento del tema en esos momentos, con la serie b en alza, y un artista como Peter Fonda con muchas ganas de triunfar, Yul Brynner, es por otro lado el cabeza de cartel, aunque no pueda aparecer demasiado, un reclamo.
Bebedora de lo que nos plantea la película Westworld, con Yul Brynner también pero de protagonista, el intento de mostrar lo que la tecnología puede conseguir en el mundo humano en sus más negativas vertientes, no fue sólo el mensaje a tratar, puesto que lo que demuestra el film es también un afán por entretener aunque se pierda poco a poco en acción lenta y sin dinamismo, de la mano de un héroe de poca monta y su chica, Blyte Danner, a la que conocemos en los últimos años por Los padres de él.
Sin olvidarme de la aportación de la película a la animación 3D con algunos arreglos en la mano de Peter Fonda, resultado novedoso en el mundo del cine, lo único aconsejable es el carácter simbólico de la película y la curiosidad de la misma, de haberla visto y poco más. Lo único dicharachero, las discusiones de pareja, algo forzadas y sacadas de quicio, compiten y vencen a la acción que se muestra torpe y poco creíble tras una presentación del lugar que promete pero no acaba por conquistar. El guiño final digno de películas de sobremesa que el cine de los ochenta rescató como cierre. Vean, vean.